domingo, 28 de noviembre de 2010

Saber limpiar el piso no estaba en los requisitos!

Ayer me mandé la primer cagada en la pizzería. Chy me pide que prepare dos Stella Artois en una bolsa (una de las pocas veces que me pide bien las cosas). Voy hacia la heladera y agarro una cerveza con cada mano, al sacarlas arrastro una Quilmes Stout que estaba al lado y se me cae accidentalmente al piso. Fue todo en cámara lenta, si no hubiese tenido las dos manos ocupadas con las Stella pienso que con una, podría haber atajado la Quilmes, es más, por un momento pensé en soltar una Stella por atajar la Quilmes, pero corría el riesgo de no llegar justo para agarrarla y romper dos en vez de una (qué mal que pienso a veces). Menos mal que ya no había clientes en el local y estaba a dos minutos de cerrar.
Luego del ruido de la cerveza estrellándose contra el piso, todos los repartidores se empezaron a CAGAR de la risa. A penas se me cayó, la miré a Chy, quien puso cara de ojete y miró enseguida a las cuentas que estaba haciendo, simultáneamente dijo: Buscá algo para limpiar.
Ok, empieza la aventura (?). Fui a la cocina y estuve tres horas tratando de buscar un secador y un trapo (los pizzeros se hacían los que no me habían visto, y yo me hacía la que quería hacer las cosas sola). Hasta que Mipiza me dijo: estás buscando el secador? allá en la esquina, y el trapo está abajo.
Agarré las cosas, tiré el trapo en el piso (estaba seco) y empecé a pasarle el secador. Todos se reían de mí, hasta uno me estaba filmando, como si fuera un hecho épico!. El amigo del pueblo me dijo: "primero mojá el trapo boba". Bueno, lo enjuegué y volví y me dijo: "pero buscá un detergente para piso o algo, no podés pasar el trapo mojado nada más!". Fui a la cocina y le exigí a Sepiza que me de todo lo necesario para limpiar y que me explique cómo carajo se limpia, para no seguir pasando papelones delante de los reparti riéndose de mí. Me explicó todo y volví con todo lo necesario.
Me puse a limpiar pero, la verdad, debo decir, no tenía mucho éxito... entonces le propuse a uno de los repartidores: "si limpias te pago 10 pesos... o 20!". A lo que ellos respondieron al mismo tiempo, como si se hubiesen puesto de acuerdo: "no boluda! si vos limpiás nosotros te pagamos 50 pesos!". Claramente me querían seguir viendo intentando limpiar y finalmente poder lograrlo...
El amigo del pueblo, siempre tan bondadoso, se ofreció a ayudarme, pero más que ayudarme terminó limpiando todo él. Un genio.
Luego de esto tuve una intensa conversación con la encargada del medio día, quien, para ser sinceros, me puteo con carpa porque no sabía limpiar un piso. Admito que NO me sentí para nada estúpida, reflexioné y pensé: mis amigas tampoco nunca limpiaron un piso. Soy normal, o soy anormal pero mis amigas también lo son, entonces... a quién le importa?

sábado, 27 de noviembre de 2010

El pizzero que casi ve una bombacha

Mi amiga cumplía años; así que con Florecita (otra de las telefonistas) íbamos a ir a su casa después de trabajar, ya que ella no le tocó estar.
Como todos los fin de semana, terminábamos de trabajar al rededor de las doce y media de la noche; no es tan tarde, pero su casa está a aproximadamente 8 cuadras de distancia y no son del todo agradables. Tampoco teníamos algún colectivo directo, así que pensamos en pedirle a los repartidores si nos podían llevar en moto. Sólo Nano la tenía disponible, y claramente no entrábamos los tres en una misma moto, además, no confiábamos mucho en que podía llevarnos sanas y salvas. En fin, su bicicleta (no pregunten por qué) estaba en la pizzería, así que nos la ofreció para que nos la llevásemos.
El problema con la bicicleta, es que es bastante alta, y además tenía el caño recto de bicicleta de hombre. Con Florecita, entonces, salimos a la calle e intentamos subirnos y ver si estábamos aptas para ir en bicicleta hasta allá. Yo soy un hobbit, así que no podía pedalear porque no me daban las piernas. Florecita sí podía, pero tenía pollera de jean ajustada. "No importa, total en estas cuadras no hay nadie, nadie me a a ver". Entonces ya casi listas para irnos, nos subimos a la bicicleta, yo iba en la parte de atrás llevando bolsas con la ropa para cambiarnos. Ella tenía un pie en el pedal y el otro a punto de subirlo, cuando la puerta de la pizzería que da de la cocina a la calle (estaba delante nuestro) se abre. Salía Mipiza. Como con la pollera que tenía Florecita se le veía todo, optó por bajarse rápido de la bicicleta como una forma de "taparse"; pero en la desesperación por hacerlo rápido y entre la bicicleta que era demasiado alta, terminamos las dos en el piso con la bicicleta encima y la ropa que estaba en las bolsas, esparcida por el suelo. Mipiza vino a ayudarnos a levantarnos.
Lo bueno es que Mipiza no llegó a verle la bombacha, y lo malo es que terminamos yendo caminando.